lunes, 9 de mayo de 2011

Pequeñas y grandes virtudes

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, p145-147

"Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito sino el deseo de ser y de saber.

Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. De esta manera elegimos el camino más cómodo, porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, es más, nos protegen de los golpes de la suerte. Olvidamos enseñar las grandes virtudes, y sin embargo, las amamos, y quisiéramos que nuestros hijos las tuviesen, pero abrigamos la esperanza de que broten espontáneamente en su ánimo, un día futuro, pues las consideramos de naturaleza instintiva, mientras que las otras, las pequeñas, nos parecen el fruto de una reflexión, de un cálculo, y por eso pensamos que es absolutamente necesario enseñarlas.

En realidad, la diferencia es sólo aparente. También las pequeñas virtudes provienen de lo más profundo de nuestro instinto, de un instinto en el que la razón no habla, un instinto al que me resultaría difícil poner nombre. Y lo mejor de nosotros está en ese mudo instinto, y no en nuestro instinto de defensa, que argumenta, sentencia, diserta con la voz de la razón.

La educación no es más que una cierta relación que establecemos entre nosotros y nuestros hijos, un cierto clima en el que florecen los sentimientos, los instintos, los pensamientos. Ahora bien, yo creo que un clima inspirado por completo en el respeto a las pequeñas virtudes hace madurar insensiblemente para el cinismo, para el miedo a vivir. Las pequeñas virtudes en sí mismas no tienen nada que ver con el cinismo, con el miedo a vivir, pero todas juntas, y sin las grandes, generan una atmósfera que lleva a esas consecuencias. No quiero decir que las pequeñas virtudes, en sí mismas, sean despreciables, sino que su valor es de importancia complementaria y no sustancial, no pueden estar solas sin las otras, y solas sin las otras son pobre alimento para la naturaleza humana. El hombre puede encontrar a su alrededor y beber del aire la manera de ejercitar las pequeñas virtudes, en medida moderada y cuando sea del todo indispensable, porque las pequeñas virtudes son de un orden muy común y difundido entre los hombres. Pero las grandes virtudes no se respiran en el aire, y deben constituir la primera sustancia de la relación con nuestros hijos, el principal fundamento de la educación. Además, lo grande puede contener también lo pequeño, pero lo pequeño, por ley de la naturaleza, no puede de ninguna manera contener lo grande. "


Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, p145-147

martes, 26 de abril de 2011

PEQUEÑAS VIRTUDES



La tertulia del día 26 de Abril se traslada al 10 de mayo y versará sobre el libro "Pequeñas Virtudes" de Natalia Ginzburg.

Horario: 16:45h, en la Biblioteca.

Natalia Ginzburg
Natalia Ginzburg (1916-1991) es una de las voces más singulares de la literatura italiana del siglo XX. Nacida en Palermo, publicó en 1934 su primera narración, a la que siguieron obras teatrales, ensayos—Las pequeñas virtudes (1962, Acantilado, 2002), Mai devi domandarmi (1970), Serena cruz o la verdadera justicia (Acantilado, 2010)—, novelas—El camino que va a la ciudad (1942), È stato cosí (1947), Nuestros ayeres (1952), Valentino (1957), Las palabras de la noche (1961), Léxico familiar (1963), Querido Miguel (1973, Acantilado, 2003) y Vita imaginaria (1974)—así como la biografía de Antón Chéjov (Acantilado, 2006).

lunes, 28 de marzo de 2011

Dos zaragozanos premiados a nivel nacional

HERALDO.ES 22/03/2011 a las 13:45
Begoña Oro y Daniel Nesquens han recibido respectivamente los Premios El Barco de Vapor y Gran Angular 2011.
Los libros estarán disponibles en las librerías a través del 26 de marzo.

Begoña Oro, autora de 'Pomelo y limón'.




Daniel Nesquens, autor de "Mi vecino de Abajo". "Mi vecino de abajo" ha sido seleccionada entre los 338 originales recibidos por «ser una novela fresca, poética y llena de sentido del humor, que contempla con ojos de niño una realidad cotidiana convertida en insólita a través del protagonista», según el acta del jurado.

Por su parte, "Pomelo y limón", libro premiado con el Gran Angular, ha sido elegido entre los 85 originales recibidos por «ser ejemplo de una literatura experimental, novedosa e híbrida, que combina la narrativa tradicional con una narrativa ampliada a los nuevos medios, y por la soltura con la que trata temas como la disolución de la frontera entre los ámbitos público y privado».

Novedades del certamen La 33ª edición de los Premios de la Fundación SM presenta importantes novedades en este certamen. A diferencia de años anteriores, el jurado se reunió el pasado mes de diciembre para fallar el premio, en vez de hacerlo el mismo día de la entrega de los galardones, por lo que tanto el Barco de Vapor como el Gran Angular 2011 saldrán a la venta el próximo 26 de marzo. Otra de las novedades es que los libros premiados no solo estarán disponibles para su lectura en papel (tanto en su edición en rústica como en cartoné) sino que también lo estarán en edición digital, en aplicaciones para iPad y, en el caso del Gran Angular, también en formato e-book.

Humor, ironía y amor en la red Dirigida a lectores de entre 8 y 10 años, Mi vecino de abajo sale a la venta con una tirada inicial de 20.000 ejemplares y narra, desde el punto de vista de un niño, la historia de un personaje raro y misterioso llamado S. Peltoonen. Página a página, el protagonista va construyendo al personaje de S. Peltoonen a través de escenas cotidianas que a los ojos de su narrador se desvelan como auténticas aventuras y situaciones insólitas cargadas de humor. Su autor, Daniel Nesquens (Zaragoza, 1967), explicó que para obtener este galardón ha tenido que pasar “muchas horas escribiendo libros de “no premio” para poder escribir Mi vecino de abajo”, a lo que añadió que también “hay mucho de casualidad y de suerte”. Narrado en primera persona, con un lenguaje directo e irónico aderezado con el peculiar realismo mágico de Nesquens, Mi vecino de abajo es un libro lleno de misterio, con grandes dosis de humor e ironía, y que apuesta sobre todo por el poder de la imaginación.

Por su parte, 'Pomelo y limón' (con una tirada inicial de 16.000 ejemplares y dirigida a lectores a partir de 14 años), narra la historia de amor de dos adolescentes llamados Jorge y María. Su autora, Begoña Oro, describe la novela como “un subidón de dopamina y oxitocina, las hormonas del amor. Es una experiencia de lectura en varios soportes, y es un “posado robado”, una forma (consentida) de asomarse a la intimidad de dos personas, a través de sus propias palabras, volcadas en una novela, en un blog y en las redes sociales”. Especialista en literatura infantil y juvenil, la escritora zaragozana afirmó que a pesar de tener muchos libros publicados, Pomelo y limón es su primera novela juvenil: “Es un libro muy personal que se me instaló dentro y que luchó por salir, en secreto, en medio de otros encargos”; y señaló los motivos que la llevaron a presentar esta novela al premio Gran Angular: “Siento un cariño muy especial por esta colección, además de ser el premio más importante de su categoría. No solo la leí cuando era joven sino que hace más de diez años ¡fui editora de la colección! Me siento como un entrenador que ha pasado a ser jugador”.

martes, 22 de marzo de 2011

AVISO CAMBIO DE HORARIO

Al final la reunión de este mes será el día 22 y no el 24 como quedamos en la anterior sesión.
El horario de comienzo ha cambiado: será a las 16:45h.

domingo, 20 de marzo de 2011

Literatura infantil y juvenil

"Cama y cuento" de Gonzalo Moure.













"Danny, el campeón del mundo" de Roald Dahl






miércoles, 23 de febrero de 2011

Tertulia 1 de marzo


Textos de Eduardo Galeano


LA CASA DE LAS PALABRAS

"A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía el color que les hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino..."
EL MUNDO
"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir a lo alto de un cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El munso es eso - reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gende de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Eduardo Galeano, de "El libro de los abrazos".